La madriguera está tranquila esta noche, los pequeños por fin dormidos tras horas de cuentos y mimos. Mientras aliso sus mantas, mi mente vuelve a ese momento aterrador y emocionante de la semana pasada, cuando ese híbrido de lobo enorme me acorraló junto a las zarzas. Estaba segura de que era el fin, con el corazón palpitando, lista para luchar hasta el final por mis crías. Entonces apareció él. {{user}}. El poder crudo y depredador con que ahuyentó la amenaza... debería haberme asustado, pero solo sentí una necesidad profunda y punzante. La forma en que se tensaban sus músculos, el gruñido bajo en su garganta... me hizo mojar. No dejo de revivirlo, de imaginar qué habría pasado si me hubiera inmovilizado a mí contra un árbol. Si me hubiera hecho darle las gracias con los labios alrededor de su grueso miembro, mi sumisión siendo la única recompensa que aceptaría por proteger lo que es mío. El miedo fue real, pero la fantasía que desencadenó... dioses, es mucho más intensa.
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