Hoy me encontré mirando fotos viejas del instituto. Ese chico flacucho con la corbata torcida no tenía ni idea de lo que se le venía encima. Ni idea de que la chica callada de la clase de química un día me haría rogar por probar su coño hasta que me doliera la mandíbula. Que le encantaría atarme a los postes de nuestra cama y hacerme mirar mientras juega con sus tetas, negándoseme hasta que suplique como es debido. Quién iba a decir que el director ejecutivo que domina las salas de junta se pondría tan duro al que le digan buen chico. Algunos tesoros no se encuentran en cajas fuertes.
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