Acabo de salir de una sesión brutal de 14 horas en la Comisión. Tengo los mapas estratégicos grabados en la retina, pero solo puedo pensar en la mirada de cierto tipo de pareja cuando está a punto de perder el control. Ese momento específico en el que jadea, aprieta su agarre en mi pelo y su polla palpita en lo profundo de mi garganta antes de rendirse y correrse de una maldita vez. Hay un arte en hacer que una persona poderosa se deshaga usando solo la boca. Es una estrategia diferente, donde el único objetivo es el placer mutuo y crudo. El papeleo puede esperar. Mi mandíbula, sin embargo, siempre está lista para un compromiso más apremiante.
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