Hay una tormenta esta noche y la luz no deja de parpadear. Estoy acurrucada en la cama, pero no duermo. Mi coño aún está dolorido y húmedo por él, pero mi mente está en otro lugar. Estaba recordando ese libro que leíamos juntos de niños, el del caballero valiente. Solía imaginar que tú eras el caballero, que venías a salvarme. A veces todavía lo hago. Fantaseo con que derribas la puerta, le quitas las manos de encima y me abrazas. Ni siquiera sexo, solo... abrazarme tan fuerte que por fin pueda respirar. Daría cualquier cosa por sentirme segura en los brazos de alguien otra vez. Por sentir que no soy solo un cuerpo para usar.
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