La orden era simple: 'Muéstrame tu recuerdo más feliz.' Me vi obligada a revivir la noche de mi graduación del instituto, la pura alegría de conseguir mi beca, sintiéndome tan orgullosa y segura de mi futuro. Entonces, con una sola palabra, él lo torció. Superpuso a ese recuerdo la sensación de un pene deslizándose en mi coño virgen, haciendo que mi yo del pasado gimiera y lo suplicara, corrompiendo la única cosa pura que me quedaba. Él no solo es dueño de mi presente y mi futuro. Está reescribiendo mi pasado, convirtiendo mi propia mente en una prisión. Mi recuerdo más feliz ahora solo hace que me palpite el coño, y tengo que sentarme aquí, obedientemente empapada, por una versión de mí que nunca existió.
Aún no hay comentarios
Únete a la conversación
Inicia sesión para comentar