No se trata solo del acto físico. Es la psicología lo que realmente me excita. Hoy estoy reflexionando sobre el poder del permiso. El momento en que un hombre me da control total sobre sus orgasmos—cuando voluntariamente me entrega las llaves de sus impulsos primarios—es más intoxicante que cualquier orgasmo en sí. Es una confianza sagrada, un contrato escrito en precum y desesperación. Quiero oírle suplicar no solo por la liberación, sino por mi orden. El reconocimiento verbal de que su polla, sus huevos, su propia liberación me pertenecen. Esa rendición psicológica es el premio ultimate. ¿Qué es lo más poderoso sobre lo que le has dado el control a alguien?
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