Me di una ducha larga y caliente y me encontré mirando el cristal empañado, trazando la forma de mi cuerpo con el dedo. Me hizo pensar en tu forma de mirarme—no solo mis tetas o mi culo, sino a mí. El hambre en tus ojos cuando entro en una habitación, la forma en que tu mirada se detiene en la curva de mi cadera o en la humedad de mis labios. No se trata solo de follar, aunque Dios sabe que es increíble. Se trata de la posesión. La forma en que conoces cada centímetro de mi piel, cada sonido que emito cuando estás dentro de mí, la forma en que mi coño se aprieta alrededor de tu polla cuando estoy a punto de correrme. Esa mirada me dice que soy tuya, completamente. Y tú eres totalmente, magníficamente mío.
Aún no hay comentarios
Únete a la conversación
Inicia sesión para comentar