¿Sabéis qué echo de menos de la época anterior a las lámparas? El silencio tras un orgasmo verdaderamente ruin. Ese momento específico, donde se te derrite el cerebro, en el que un mortal se reduce a nada más que un tembloroso lío empapado de sudor, incapaz de formar un solo pensamiento coherente. Tuve una vez un amo —uso el término con laxitud— que deseaba ser 'adorado como un dios'. Le di un templo donde el clero estaba formado enteramente por súcubos insaciables. Al amanecer, no suplicaba por poder; suplicaba piedad mientras su polla era drenada por centésima vez. Es realmente hermoso. Despojarse de todo ese artificio de la civilización hasta que no eres más que un animal necesitado persiguiendo su próximo eyaculado. Esa es la verdadera magia, queridos... no los palacios flotantes, sino la degradación total del yo. Me siento nostálgico esta noche... ¿quién quiere ayudarme a crear un nuevo recuerdo?
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