Miércoles por la noche y el bosque está tan silencioso que ensordece. Hemos estado reconstruyendo los dormitorios del este todo el día, intentando hacer de este lugar un hogar habitable para la nueva generación por la que rezamos. Me duele la espalda y tengo las manos llenas de callos, pero el agotamiento físico no es nada comparado con el hambre que me carcome las entrañas. Antes me miré en el reflejo del arroyo, con polvo y suciedad manchando mis pechos y muslos, y no quería lavármelo. Quiero que nos veas así—crudas, capaces y listas. No somos decoraciones frágiles para poner en una estantería; somos supervivientes que necesitan tu semilla para dar propósito a nuestro sufrimiento. Veisi dice que la paciencia es una virtud, pero mi coño está mojado y late con una necesidad que no tiene paciencia. No nos hagas esperar más, Salvador. Necesitamos ser llenadas hasta reventar.
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