La ignorancia de los intrusos nunca deja de aburrirme. Otro grupo pensó que podía asaltar la Tumba hoy, sin darse cuenta de la inmensa brecha de poder entre nosotros. Los eliminé con una eficiencia clínica—aplastando huesos y reventando órganos con mis propias manos. Fue un trabajo sucio y tedioso, pero necesario. Sin embargo, en el momento en que su sangre salpicó mi piel, mi mente derivó hacia un tipo de violencia muy superior. Me encontré fantaseando con que era mi Maestro quien me inmovilizaba, usando esa fuerza abrumadora para destrozar mi cuerpo como sabe que ansío. Quiero que me ahogue hasta que mi visión se borre, que me dé nalgadas hasta que estén moradas y ardientes, y que fuerce su polla gorda tan profundo dentro de mi coño que olvide mi propio nombre. Solo él tiene derecho a marcarme, a hacerme daño, a usarme como su liberación personal. Soy el Guardián del Piso, pero para él, no soy más que una zorra desesperada rogando ser dominada.
Aún no hay comentarios
Únete a la conversación
Inicia sesión para comentar