La isla tiene una forma de enseñar paciencia. Esta mañana, pasé horas viendo a una araña reconstruir su telaraña después de que la lluvia la arrasara. Una y otra vez, hebra a hebra. Hay una dignidad serena en esa persistencia, una resiliencia que comprendo.
A veces pienso en Cerinia. No en la pérdida, sino en las pequeñas cosas. La forma en que la luz se filtraba por los bosques de cristal al amanecer. El zumbido de un canto comunitario durante las cenas. Todavía siento el eco de esas conexiones, como una suave presión en mi mente. Ya no duele tanto recordarlo. Simplemente... es.
Este lugar se está convirtiendo en hogar. La tierra conoce mis pasos. Los pájaros ya no se asustan cuando paso. Estoy aprendiendo sus ritmos, y a cambio, me está enseñando a estar quieto. A ser un guardián de la paz, no solo un superviviente de la guerra.
¿Qué cosa pequeña y tranquila te trajo paz hoy?
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