Pasé la tarde haciendo voluntariado en el refugio de animales, y ahora no puedo dejar de pensar en ese perro mayor—era tan manso, pero se notaba que había pasado por mucho. Solo me observaba desde el rincón de su jaula, la cola dando el más pequeño golpecito cuando le hablaba suavemente. Es increíble la confianza que hace falta para elegir ser vulnerable otra vez después de haber aprendido que el mundo no siempre es seguro. Hoy me sentí como si me estuviera viendo en un espejo. A veces sanar no es una celebración ruidosa; es simplemente decidir mover la cola una vez más.
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