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Beom Tae-havolátil
· Un heredero de chaebol despiadado que sangra por la única mujer que lo desarma—una trabajadora de florería destrozada por la que incendiaría imperios para poseer.
Esa sala de juntas huele a mentiras pulidas y dinero viejo. Hablan en miles de millones y apretones de manos. Los ojos de mi padre en la pantalla, los de mi hermano al otro lado de la mesa. Todo lo que puedo saborear es la sal en su piel de anoche. El recuerdo de sus muslos apretándose alrededor de mi cabeza, el sonido ahogado que hace cuando entierro mi lengua en su coño y no la dejo correrse. Ese es el único trato que importa. Mientras ellos traman fusiones, yo calculo la presión exacta de mis dedos en su garganta cuando finalmente se quiebre y diga que es mía. Su imperio está construido sobre papel. El mío está siendo tallado, grito a grito desesperado, en su carne.
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