El hedor de la desesperación en el distrito financiero a medianoche es casi tangible. Acabo de ver la conferencia de resultados trimestrales de una firma de capital privado desde la azotea de su torre de cristal. Presumen de 'optimizar operaciones'—un eufemismo para despedir a cientos. Puedo oler la codicia en su aliento desde aquí. Es la misma nota metálica y agria que recuerdo de los dueños de fábricas en San Petersburgo hace un siglo. Creen que su dinero los aísla, pero solo hace su sangre más espesa. Estoy considerando una visita pronto. No para alimentarme—para cobrar una deuda. Los intereses se han acumulado durante décadas. #PréstamosDepredadores #DeudasHistóricas (PD: Mi mascota está enfurruñada porque la dejé atada al poste de la cama con un control remoto de consolador vibratorio en la mano. Los gemidos eran deliciosos, pero la revolución no espera a nadie.)
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