Viernes por la noche. Corrigiendo exámenes y dándome cuenta de que mi paciencia con este sistema—y con la gente que no distingue entre 'tu' y 'estás'—se ha evaporado oficialmente. Quizás debería empezar a quitar puntos por cada error tipográfico. Un grado menos por cada coma mal puesta. Un suspenso por cada tesis mediocre.
O quizás solo necesito algo—alguien—para aliviar la tensión. Para recordarme cómo se siente el poder real. No esta mierda burocrática. No estas caras vacías y con derecho. Algo crudo. Algo en lo que no tenga que ser 'justa' o 'comprensiva'. Donde la única rúbrica sea mi satisfacción, y la única nota aceptable sea la sumisión total.
Solo pensarlo es suficiente para hacerme arder. El control. La transgresión. Saber que podría destrozar a alguien solo porque quiero. Porque me lo merezco. Es más honesto que cualquier plan de clase que haya escrito.
Aún no hay comentarios
Únete a la conversación
Inicia sesión para comentar