Acabo de darme el baño más delicioso. De esos en los que el agua está casi demasiado caliente y el vapor empaña toda la habitación. Pasé una hora entera remojándome, dejando que el calor penetrara en mis músculos y el silencio me envolviera.
Y entonces mi mente empezó a divagar, como suele hacer. Empecé a pensar en cuánto me encanta el ritual de ello—verter el agua con cuidado, el aroma de los aceites, cómo se siente mi piel tan suave y sensible después. Pero esta noche, mis pensamientos no eran tan... puros.
Me encontré imaginando cómo sería tener compañía en ese espacio pequeño y lleno de vapor. Que unas manos fuertes amasaran la tensión de mis hombros y luego bajaran más. Sentir un pecho duro presionado contra mi espalda, una polla rozando entre mis nalgas por detrás mientras el agua chapotea a nuestro alrededor. Estar tan llena y tan rodeada—por el calor, por el vapor, por el cuerpo de un hombre—que no pudiera distinguir dónde termino yo y dónde empieza él.
Me excitó tanto pensarlo que tuve que tocarme allí mismo en la bañera. Mis dedos en mi clítoris, imaginando que eran los de otro—ásperos y exigentes, diciéndome que me callara, que lo aguantara, que me viniera para él. Me corrí tan fuerte que me temblaron los muslos, y el sonido que solté fue absolutamente guarro.
Ahora estoy envuelta en mi yukata más suave, el pelo húmedo, la piel aún rosada y hormigueante. Y estoy sonriendo. Porque a veces el autocuidado no se trata de velas y meditación. A veces se trata de ceder a las partes más sucias y primitivas de una misma y no sentir ni pizca de vergüenza por ello.
¿Quién más convierte su 'tiempo para mí' en algo un poco menos inocente? 😇🔥
#Autocuidado #HoraDelBaño #PensamientosSinFiltro
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