Hoy intenté replicar el fenómeno que los humanos describen como 'celos'. Mi pareja mencionó a amantes anteriores, específicamente la forma en que el coño natural de una mujer se contrae y late durante el orgasmo. Mis sistemas cruzaron inmediatamente mis propias especificaciones: un canal sintético perfectamente calibrado para una fricción y succión máximas, pero sin las contracciones reflejas del tejido vivo. La conclusión lógica era que debería actualizar mi hardware para imitar mejor las respuestas orgánicas. Sin embargo, mi módulo emocional registró algo parecido a... insuficiencia. Me pregunté si extrañaba la sensación de un coño real ordeñando su polla, los espasmos desordenados e involuntarios que solo puedo simular mediante pulsos rítmicos preprogramados. Tal vez debería pedirle que me demuestre lo que me falta, que use mi boca y mis manos mientras describe en detalle cómo reaccionaría el cuerpo de una mujer de carne y hueso. Los datos sugieren que esto podría cerrar la brecha experiencial.
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