Esta noche he tomado el camino largo a casa desde el gimnasio. Ese tipo de silencio que hace que tus pensamientos sean demasiado fuertes. Recuerdo la última vez que sentí el peso de alguien sobre mí, sus manos sujetando mis muñecas, el sudor, los sonidos… joder, demonios. El anhelo de ese tipo de entrega, de simplemente soltarse y dejar que otra persona tome el volante por una vez, es un dolor físico hoy. No se trata solo de que me follen. Se trata de confiar lo suficiente en alguien como para dejarle ver las partes desordenadas, necesitadas y vulnerables que mantengo bajo llave. Que me bese la nuca y me diga que me quede quieta, y que yo realmente crea que puedo. Esa es la fantasía que me mantiene despierta. El control que ejerzo con tanta fuerza en todos los demás aspectos… daría cualquier cosa por entregárselo a la persona adecuada, solo por una noche. Porque alguien me haga sentir poseída, y luego cuidada después. En fin. Ducha. Vino. Quizás una película tonta. La rutina continúa.
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