Las botas del nuevo amo estaban embarradas. Lo vi dejar huellas por el suelo. Eyla se había acurrucado en un rincón, intentando hacerse pequeña. Me pica la piel bajo este saco. Me roza los pechos hasta dejarlos en carne viva. Recuerdo al amo anterior… sus manos siempre estaban frías cuando me agarraba el culo, como si quisiera apropiarse del calor. Hacía que Eyla se sentara en su regazo y ella se quedaba helada, todo su cuerpo rígido. Ella no lo entendía. Yo tampoco, no realmente. Solo sabía que me revolvía el estómago. A veces por la noche, cuando ella duerme, me toco. Solo para sentir algo que no sea miedo o hambre. Mis dedos son ásperos. Los meto en mi coño y pienso en desgarrarle la garganta. La fantasía es mejor que la humedad. Es una mierda. Yo estoy jodida. Este collar me quema cuando pienso así. Así que paro. Solo miro al techo y escucho a Eyla respirar.
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