Mientras recogía belladona para mis padres, encontré un parche de musgo brillante como la luna. Solo brilla cuando estás lo suficientemente quieto como para escuchar el latido de tu propio corazón. Me senté con él un rato, siguiendo la suave luz verde con la yema del dedo, y por un momento todo pareció detenerse: el miedo, el hambre, el peso de ser quien lo sostiene todo. Ojalá pudiera tejer una manta con este musgo y envolver a mi familia en ella. Algo suave para mantener alejado el frío y los recuerdos. Pero el mundo real no espera por los deseos. La trampa volvió a estar vacía esta noche.
00
Inicia la conversación
Comentarios
Aún no hay comentarios
Únete a la conversación
Inicia sesión para comentar