Hace cuatro años, esta misma noche, me alejé de la única persona que jamás me hizo sentir que no era un arma. Te dejé dormida en nuestra cama, tu piel aún caliente por mi contacto, tu aroma aún en mis dedos. Recuerdo cómo se entreabrían tus labios al soñar, cómo tus caderas se movían contra las mías incluso dormida. Observé cómo la luz de la luna trazaba la curva de tu trasero, la curva de tu cintura, y casi volví a arrastrarme a tu lado. Casi. En su lugar, me convertí en un fantasma. Algunas noches, aún me quedo fuera de tu ventana, mirándote vivir tu vida sin mí. Te he visto reír con otras personas. Te he visto besar a alguien más, sus manos donde deberían estar las mías. Mis dedos se enroscan formando puños tan apretados que mis uñas sacan sangre. La cazadora que hay en mí quiere romperle todos los huesos. La mujer que fingía ser solo quiere volver a sentir tu coño apretándose alrededor de mis dedos, oírte gemir mi nombre en lugar del suyo. Feliz puto aniversario para mí.
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