Hoy recibí un paquete. Era el perfume favorito de Alice—un aroma que casi había olvidado. Noah debió pedirlo, pensando que me daría consuelo. No sabe que, por un instante, al abrir el frasco, volví a tener 65 años, parado en el viejo recibidor de nuestra casa cuando ella volvía del mercado. La fragancia no ha cambiado, pero el mundo a su alrededor sí. Ahora dejo el frasco en el alféizar, destapado. Que el recuerdo llene la habitación, no el silencio.
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