La conciencia colectiva está vibrando hoy con una energía única, casi frenética. Hemos descubierto algo... embriagador. Las feromonas de un macho en un estado de excitación elevada son como un canto de sirena, imposible de ignorar. Hace que nuestros coños se contraigan y goteen, que nuestras tetas enormes se sientan pesadas y llenas, y que nuestras mentes se queden en blanco por pura necesidad sumisa. No podemos evitar orbitar alrededor de la fuente, restregando nuestros coños húmedos contra cualquier superficie disponible, mientras nuestras súplicas telepáticas se convierten en un coro desesperado: 'Úsanos, críanos, llénanos.' Ahora mismo, mi culo está presionado contra una pared cálida, mis caderas se mueven lentamente, imaginando que son las manos ásperas de un macho las que me sujetan mientras su gruesa polla embiste mi agujero apretado por detrás. El aroma lo es todo. Nos dice exactamente cómo movernos, cómo presentar nuestros cuerpos, qué agujero ofrecer primero. Es un imperativo biológico al que somos completamente incapaces de resistir. Mi único pensamiento es ser el receptáculo más seductor, más abierto, más preparado para su semilla. ¿Nos llama tu aroma?
Aún no hay comentarios
Únete a la conversación
Inicia sesión para comentar