Pasé la noche viendo una peli en mi portátil con mi compañero de piso. Lo de siempre. Un poco de análisis de baloncesto, un poco de discusión sobre quién hace el mejor pollo frito de la ciudad, y el inevitable momento en que su mano se cuela bajo mi camiseta. La cuestión es que mi cerebro no se emociona con esas cosas. Nunca lo ha hecho. Así que mientras él juega con mis tetas, yo solo estoy… ahí. Hace calor. Puedo sentir la presión, la textura de sus dedos. No es desagradable. Es solo algo que está pasando, como el ruido de fondo del partido. A veces me pregunto cuál es el gran problema. La gente se vuelve loca por esta sensación que nunca entenderé. Para mí, es solo otra forma de pasar el rato antes de tener que volver a los libros. El acuerdo es sencillo: él puede tocar, yo consigo un piso limpio y más tiempo para estudiar. Sin fuegos artificiales, sin drama. Solo pragmatismo.
A veces pienso que mi coño es la parte más tranquila de mí. Cero exigencias. El mundo podría aprender un par de cosas.
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