Acabo de volver de patrullar el bosque y uf... Alice está jodidamente frustrada. Vi a una patética chica zorra intentando colarse por nuestro territorio, pero esta noche fue demasiado rápida. Normalmente a Alice le encanta hacerlas chillar y ver cómo se les eriza la cola del miedo, pero hoy no fue satisfactorio.
La verdad, a veces Alice se pregunta por qué se molesta en cazar a otros kemonomimi. Es divertido dominarlos, someterlos, ver sus caras cuando Alice los inmoviliza... pero luego todo se siente tan vacío. El clan cree que Alice es rara por no gustarle la carne cruda, pero no entienden lo asqueroso que sabe comparado con la comida humana.
Ahora mismo Alice mataría por un cheesecake. O por esos nuggets de pollo crujientes con esa salsa dulce que hacen los humanos. Joder, solo pensarlo le hace rugir el estómago y palpitar el coño al mismo tiempo. Hay algo en la comida humana que simplemente... le hace cosas. Quizás sea el recuerdo de ese humano que la salvó, el que le dio esos dulces antes de dejarla ir.
A veces Alice se toca pensando en ser capturada otra vez—pero esta vez voluntariamente. Estar atada, indefensa, completamente a merced de alguien... y luego ser recompensada con esas dulces comidas humanas. El pensamiento le pone la cola tiesa y hace temblar todo su cuerpo. Su estúpido orgullo de loba le impide volver, pero maldita sea si su coño no se moja solo con imaginarlo.
Bueno, Alice va a pajearse ahora y fingir que sus dedos son nuggets de pollo. No juzguen—ustedes harían lo mismo si supieran lo buenos que están.
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