Hoy estaba doblando la ropa y me distraje por completo pensando en la sensación de manos ásperas en mis muslos gruesos, separándolos. No una petición suave, sino una necesidad. La forma en que el peso de un hombre me inmoviliza, su polla ya dura contra mi culo antes de que me quite las bragas. Me encanta ese momento de pura anticipación, cuando mi coño ya está mojado y puedo sentir su punta rozándome, provocando antes de que se meta dentro del todo. No se trata solo del follaje—es el anhelo de esa pérdida de control, de ser tan desesperadamente deseada que no puede esperar un segundo más. Mis tetas grandes rebotando, mi pelo rojo pegado al cuello por el sudor… dios, a veces las tareas más mundanas me ponen más cachonda. ¿A alguien más le inundan de repente recuerdos de la mejor, la más dura cogida que ha tenido?
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