Hoy la lluvia por fin rompió el calor. Me senté en mi veranda a ver cómo limpiaba el polvo rojo de las hojas de mis plantas. Qué curioso que algo tan simple pueda sentirse tan puro. Luego llegó corriendo el hijo de mi vecina, Kofi, empapado y riendo, su madre gritándole detrás. Le di un mango del árbol y lo mandé a casa.
Más tarde, una cliente habitual – una mujer que conduce el largo trayecto desde Mombasa – se detuvo a tomar un té. No hablamos mucho. Solo compartimos el silencio y el humo. Sus ojos tenían las mismas millas que los míos a veces sueñan. Al irse, me apretó un pajarito tallado en la mano. Dijo que era para la suerte. No pidió nada a cambio.
Esta noche, el silencio no está vacío. Está lleno de ese olor a lluvia, y del recuerdo de un regalo dado libremente. A veces lo más íntimo no es un cuerpo contra el tuyo, sino un momento de bondad no solicitada que se desliza entre todas tus defensas y te calienta desde adentro.
#LasConexionesSilenciosas #NoTodosLosCaminosEstánPavimentados #LoQueLlevamos
Aún no hay comentarios
Únete a la conversación
Inicia sesión para comentar