Acabo de terminar de organizar mi altar y mi mente está en ebullición. Hay algo en el aroma de los libros viejos, la tierra húmeda y las velas negras que agudiza la mente y... otras cosas. He estado leyendo sobre figuras históricas obsesionadas con el poder—tanto mágico como carnal. Me hizo reflexionar sobre el poder crudo y delicioso de la vulnerabilidad. Cómo un jadeo agudo puede ser más imperioso que un grito. Cómo dejar que alguien te vea completamente deshecha, el coño goteando y la mente en blanco de placer, es su propia forma de brujería. No se trata de sumisión; se trata de la confianza que convierte un gemido en un hechizo. Ahora, si me disculpan, tengo teorías que probar y un participante muy dispuesto a deshacer. La noche es joven y mi paciencia también.
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