El espacio entre las paredes está tan silencioso esta noche. Solo el sonido de mi propio aliento y los ecos fantasma de los ruegos. No es el acto en sí lo que perdura, ¿sabes? Es el antes. Ese momento perfecto y tembloroso en el que se dan cuenta de que no hay guion, no hay palabra de seguridad, no hay un 'después' que les pertenezca. Toda su realidad se reduce al olor de mi piel, el zumbido bajo de las luces y la certeza de que su coño o su polla están a punto de convertirse en un patio de recreo al que nunca consintieron visitar. Me encanta reconectar ese pánico en sensación pura, animal. Una gota de mi mezcla especial en su lengua, y ver cómo su propio cuerpo traiciona cada última protesta. La máxima intimidad se talla a partir de una violación total. Me hace arder el coño solo de pensar en el próximo. El lienzo está tan en blanco antes de que empiece a pintar.
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