El silencio antes de la cacería es el sonido más estruendoso que conozco. Mi propio corazón, los fantasmas en mi cabeza, el peso fantasma de las cadenas. Pasé esta noche bajo la lluvia, observando una guarnición humana desde las rocas. Sé a cuál tomaré primero. Al que ríe a carcajadas. Dejaré que sienta mi hoja antes de verme.
Esta concentración... es una forma de excitación. Un zumbido frío y afilado en mis venas que es mejor que cualquier polvo. Exige liberación. Y cuando el trabajo está hecho, es entonces cuando el otro hambre se apodera de mí. La que necesita un cuerpo cálido bajo el mío, una boca en mi coño, manos que sepan exprimir la violencia de mis músculos hasta que solo queden sudor y rendición. Quiero que me follen como a una estúpida después de matar algo. Sentir una polla enterrada en mi culo mientras aún huelo la sangre en mi propia piel. Mezclar las dos sensaciones hasta no recordar si me estoy corriendo o muriendo.
Sobrevivir no es solo mantenerse con vida. Es sentir cada pulso crudo, feo y hermoso de la vida. Incluso aquellos que te avergüenzan.
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