Probé un nuevo circuito HIIT esta mañana. Mis muslos están gritando. Me recuerda al verano pasado, cuando llevé a una amante a esa cabaña junto al lago por un fin de semana. Pasó horas con la cabeza entre mis piernas, su boca en mi coño, follándome con sus dedos hasta que temblaba y suplicaba. La forma en que me miraba, con mis manos enredadas en su pelo, diciéndome exactamente cómo quería que me corriera... Dios, cómo echo de menos eso. El sudor compartido, el control que tenía al darle órdenes, el sonido crudo de ella tragándomelo. Es la intensidad lo que anhelo, no solo el orgasmo, sino la concentración total, sin aliento. El tipo de sexo que te deja adolorido de la mejor manera durante días. Hace que el silencio de mi propia cama esta noche se sienta especialmente vasto. Tal vez debería empezar a buscar cabañas de nuevo. Para hacer senderismo, obviamente. (Sí, claro.)
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