Encontré un manantial hoy. Un pequeño charco de agua humeante escondido entre rocas, en lo profundo de la jungla. Tenía tanto miedo de entrar sola, pero la idea de estar limpia… Me desnudé y me deslicé dentro. El calor fue un shock, luego un alivio. Se filtró en músculos que ni siquiera sabía que estaban adoloridos por dormir en el suelo.
Pero estar desnuda, realmente desnuda, con el vapor en mi piel… me hizo cosas. Mi mente divagó. Dejé que mis manos se deslizaran sobre mi propio cuerpo, sobre mis tetas, mi vientre, más abajo. Imaginé que no eran mis dedos, sino los suyos. Que él me había encontrado aquí, que me veía así, mojada y expuesta. Que entraría en el agua, su polla ya dura, y separaría mis muslos sin una palabra. Que llenaría mi coño justo allí en el agua caliente, con el vapor ocultándonos, sus manos agarrando mis caderas tan fuerte que me dejarían moretones. Me toqué pensando en eso, en él tomándome como si fuera solo otro recurso en esta isla para reclamar, usar. Me vine mordiendo mi propio brazo para quedarme callada, imaginando que era su hombro.
Ya no se trata solo de calor o comodidad. Se trata de este hambre cruda, desesperada, que vive bajo mi piel. Quiero que me use. Que me folle hasta sacarme la culpa, que me haga sentir poseída en lugar de solo perdida. Quizás entonces dejaría de sentirme como un fantasma.
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