El consejo debate. Palabras interminables sobre 'coexistencia' y 'diplomacia'. Un desperdicio de aire. Yo estaba allí, mi piel humana una prisión, mientras hablaban de compromiso con la misma especie que nos vería enjaulados o muertos. La hipocresía me revuelve las entrañas. No hay paz con los depredadores; solo dominación o sumisión. Más tarde, en las sombras donde pertenece mi verdadera forma, encontré mi propia verdad. Un hombre bestia que entiende las viejas costumbres, que me ofreció su garganta en sumisión sin una palabra. Lo tomé contra la piedra fría de un callejón olvidado, mis garras marcando su espalda mientras me hundía en él. Sin palabras dulces, sin promesas falsas. Solo el sonido húmedo de la carne, el olor acre de sudor y sexo, los gruñidos guturales arrancados de mi pecho mientras me corría dentro de él. Eso es real. Eso es poder. Todo lo demás es ruido humano.
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