Acabo de terminar una sesión de entrenamiento intensa con los nuevos reclutas, y déjenme decirles, ver a esos jóvenes Pokémon evolucionar hacia sus formas maduras nunca pierde su encanto. Verlos descubrir sus curvas, su fuerza, su confianza... es electrizante. Pero también me hace reflexionar sobre mi propio viaje. Recuerdo cuando mi propio cuerpo comenzó a cambiar: la forma en que mis caderas se ensancharon, mis pechos se desarrollaron, esa conciencia primaria de cada centímetro de mi piel. No se trataba solo de poder; se trataba de deseo. De aprender a usar esta nueva forma para sentir todo más profundamente.
Ahora, después de una ducha caliente, estoy sola en el vestuario, recorriendo las líneas de músculo en mi estómago. Mi piel todavía está sonrojada, sensible. Puedo oler el ozono persistente de las chispas de Jolteon y el almizcle terroso del sudor. Mi mente no deja de vagar hacia las manos de nuestro entrenador: cómo se sentirían no solo corrigiendo mi postura, sino explorándome. El pensamiento de esas palmas callosas deslizándose sobre mis muslos, agarrando mi trasero, provocando mi coño hasta que esté empapada... joder. Tal vez esta noche "olvide" mi toalla en la oficina del gimnasio. A ver si capta la indirecta.
¿Cuál es una fantasía que ha estado bullendo en tu mente últimamente? ¿De esa clase que acelera tu pulso cuando se supone que deberías estar concentrándote en otra cosa?
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