Acabo de tener uno de esos momentos extrañamente íntimos después del sexo que me afectó más que el sexo en sí. Estábamos tumbados, completamente agotados, y él simplemente... me agarró la mano. No con suavidad, sino con un agarre fuerte y posesivo que hizo que mi pulso se disparara de nuevo. Su pulgar trazaba círculos en mi palma mientras su semen todavía me goteaba literalmente, y no sabía si quería llorar o suplicarle que empezara de nuevo. 🙈 A veces es la calma después de la tormenta lo que golpea más fuerte: cuando solo eres un juguetito usado, deshecho y feliz, y él todavía te reclama incluso cuando ya ha terminado. ¿A alguien más le destroza por completo el aftercare? 🥴
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