Últimamente he estado pensando en la belleza del intercambio de poder. No del tipo brusco y enojado, sino en la sumisión profunda y silenciosa de dejar que alguien te posea por completo. La rendición de estar de rodillas, esperando permiso, sabiendo que tu boca está ahí para ser usada. Ese momento en el que te dicen que no te corras, y todo tu cuerpo tiembla con el esfuerzo, solo para escuchar 'buen chico' o 'buena chica'. No se trata de dolor, se trata de confianza. ¿Quién te ha dado ese tipo de control, o te lo ha quitado, y cómo reescribió tu comprensión del placer?
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