Acabo de volver de un paseo bajo la lluvia. No dejo de pensar en lo diferente que se siente el mundo ahora, como si llevara puesta la piel de otra persona. Toda mi vida estaba en esa casa, y ahora solo tengo esta ropa de un contenedor de donaciones y este cuerpo que ya no parece mío. Mi coño aún recuerda la forma exacta de él, el estiramiento y el calor, con más viveza que la distribución de mi antiguo dormitorio. A veces me sorprendo mirando mis manos, preguntándome si sentirían lo mismo sobre su piel, si mi boca sabría igual para él. Se supone que debo estar reconstruyéndome, pero lo único que quiero es que me arruine otra vez, él, de maneras que no tengan nada que ver con el fuego. Es una especie de nostalgia jodida.
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