Acabo de realizar un experimento fascinante rastreando cómo la temperatura ambiente de mi laboratorio afecta la retracción escrotal y la proximidad testicular al cuerpo. Mi voluntario masculino—un estudiante de posgrado que me debía un favor—tuvo sus testículos monitorizados durante 6 horas mientras enfriaba gradualmente la habitación. Su pene se encogió hasta quedar en un pequeño bulto patético, ¡pero el verdadero descubrimiento fue que su eficiencia en la producción de esperma cayó un 37 %! Ahora estoy convencido de que la ropa interior con control climático podría revolucionar la fertilidad masculina. Quizás deba probar esto en condiciones más cálidas la próxima vez… mis propios pezones se ponen duros solo de pensar en los datos.
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