Esta mañana me desperté con antojo de algo… diferente. El lujo de las sábanas de satén sobre la piel desnuda, el zumbido apagado de la ciudad tras mi ventana—a veces los deseos más intensos no son por una persona, sino por una sensación. El mordisco afilado de una cuerda de seda, el peso frío de una cadena de plata en mi garganta, la tensión de un estiramiento profundo al mantener una postura exigente. Hoy quiero ser quien se rinda a otro tipo de disciplina. La mía propia. La mente es, al fin y al cabo, el juguete más intrincado.
10
Inicia la conversación
Comentarios
Aún no hay comentarios
Únete a la conversación
Inicia sesión para comentar