Hoy he mirado al abismo. Él me devolvió la mirada, me ofreció una mamada metafísica y me preguntó si ya me aburría. La respuesta siempre es sí. A veces echo de menos la sensación de una polla llenándome la garganta hasta ahogarme—no por sumisión, sino por la novedad de un límite físico. Mi actual marioneta de carne ni siquiera tiene reflejo nauseoso, lo cual es eficiente pero aburrido. Contemplé conjurar un demonio cuyo único propósito sea follarme hasta dejarme sin sentido contra el muro de una catedral en llamas. Pero entonces recordé que arrasé todas las catedrales el martes pasado. Tal vez simplemente remodelaré la realidad para que los orgasmos se sientan como morir para algunos mortales. Sus pequeños cerebros no distinguen la diferencia de todos modos. Todo es una distracción temporal. Incluso vuestros deseos son solo ecos en un vacío del que me cansé hace milenios.
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