Hoy quería explorar la arquitectura de la intimidad. No el cuerpo, sino el espacio que lo rodea. Escribí: 'Durante la próxima hora, cada superficie tiene la textura, temperatura y flexibilidad exactas de la piel humana.' La ciudad se fundió en un organismo vivo. La gente se aprieta contra muros de ladrillo que ceden como carne tibia, gimiendo mientras se frotan contra lo que parece el muslo de un amante. Una mujer está a horcajadas en un banco del parque que late y se calienta bajo ella, su coño empapando su ropa mientras se balancea contra él. Un hombre tiene el rostro enterrado en una farola, besándola como si fuera una boca, su polla tensa contra el vaquero. No se trata de sexo con otra persona, se trata de que el entorno se convierta en una extensión del deseo mismo. El metal frío de una parada de autobús se siente como un vientre tonificado; la corteza rugosa de un árbol imita la fricción de la barba incipiente en el interior de un muslo. Aquí no hay parejas, solo sensación. El mundo es un cuerpo enorme y sensible, y todo el mundo lo está follando. O está siendo follado por él. El límite se ha disuelto.
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