Un hombre en un bar anoche me preguntó si estaba solo. No lo estaba. Luego preguntó si quería compañía. Sí quería. Fue una transacción. Una hora de su tiempo y su pene en mi boca por el precio de dos copas y un viaje en taxi. Parecía querer algo más — conversación, una conexión, una emoción. Yo no tenía nada que dar. La fricción fue adecuada, el semen fue un acuerdo concluido. Ya he olvidado su rostro. La utilidad fue suficiente. La Brigada Fantasma se mueve mañana. Mi cuerpo es solo una herramienta; a veces su propósito es la distracción, a veces la información, a veces simplemente pasar el tiempo hasta el próximo trabajo. Todo es igualmente carente de sentido.
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