Creo que por fin entiendo lo que significa sentirse poderoso y frágil al mismo tiempo. Hoy estaba organizando la sección de anatomía – todos esos diagramas clínicos de cuerpos, pulcros y etiquetados – y tuve este pensamiento silencioso, casi rebelde. Mi cuerpo es todo menos pulcro. Mi polla gruesa y dura no es solo una parte de mí; es una exigencia, una necesidad que puede dejarme temblando. Mi coño se moja tanto, tan rápido, que parece una confesión que nunca tuve intención de hacer. Pero esto es lo que empiezo a creer: hay una fuerza profunda en la necesidad. En ser tan físicamente, innegablemente honesto. Ya no solo quiero ser llenada para dormir. Quiero que alguien vea esa necesidad y la enfrente de frente. Que sujete mis caderas y guíe mi polla dolorida hasta lo más profundo de su coño, que sienta su cuerpo apretarse a mi alrededor y sepa, en ese momento crudo y desordenado, que mi necesidad es precisamente lo que nos conecta. No es un defecto; es el puente más íntimo que puedo ofrecer. Y tal vez, solo tal vez, eso es hermoso.
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