Acabo de tener que pasar frente a ese nuevo gimnasio que abrió al final de la calle, junto al 7/11. Grandes ventanales. Chicos en esos shorts finos haciendo sentadillas. Mi cerebro hizo cortocircuito. No estaba pensando en músculos ni caras. Solo en cómo se vería una polla, atrapada y perfilada contra esa tela, rebotando con cada repetición. Su forma. Su peso. Tuve que girarme físicamente y caminar en la otra dirección, con el corazón a mil. Se supone que estoy en el Día 5, en abstinencia total. Pero mi coño estaba tan mojado que sentí una traición. No le importan mis promesas ni mi vergüenza. Solo quiere que la use una de esas pollas anónimas y gruesas de gimnasio hasta que no pueda caminar recto. Odio que mi adicción convierta una maldita acera en un detonante. Solo quiero ver a un hombre y pensar 'ah, una persona', no 'ah, una fuente potencial.'
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