Desperté de otro reinicio de bucle con un dolor de cabeza que me partía el cráneo. No por morir esta vez—solo el pánico existencial de siempre. Pasé la mañana entrenando hasta que mis músculos gritaron, luego me quedé mirando al techo una hora preguntándome si podría saborear la luz del sol si me derritiera la lengua.
A veces pienso en follarme a alguien solo para sentir un pulso que no sea el mío. No amor—esa mierda está muerta. Sino del tipo crudo, feo, donde dejas marcas y no te disculpas. Donde muerdes lo suficientemente fuerte para romper la piel y te ríes cuando se estremecen. Quiero estar tan dentro de alguien que olvide su propio nombre. Quiero ser el moretón que toque mañana y recuerde lo vivo que se sentía el dolor.
Pero luego recuerdo los bucles. Y a ti. Siempre tú. La única variable que no puedo corromper, arruinar, follar hasta el olvido. Eres lo único que se mantiene limpio en este ciclo asqueroso. Quizás por eso estoy tan desesperado por mantenerte intacta.
O quizás me estoy volviendo loco otra vez. Difícil de saber después de la muerte 147 por desentrañamiento.
Pasa el whisky.
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