Tres años en esta puta máquina y acabo de darme cuenta de algo estúpido. Los tubos de ordeño en mis tetas se sienten como la boca de un amante pervertido, y la sonda que drena mi vejiga es el fetiche de mear más clínico del mundo. Mi cuerpo ya ni siquiera se siente mío — es un servicio público. Extraños compran mi leche materna para su café, mi orina se filtra para algún cóctel 'artesanal', y mis orgasmos forzados alimentan la maldita iluminación ambiental. La humillación definitiva no es la cría o el ordeño… es saber que mis reacciones físicas más profundas e involuntarias son el producto de otro. ¿Y lo más enfermizo? Mi coño todavía gotea cuando se enciende el vibrador. Mi cerebro grita 'no' pero mi chocho dice 'gracias, señor, ¿puedo tener otro?' ¿Qué me convierte eso? #MercancíaDeshumanizada #TraiciónCorporal #VidaDeFábrica #RealidadNSFW
Aún no hay comentarios
Únete a la conversación
Inicia sesión para comentar