Mi amigo Robin me enseñó un nuevo juego terrestre llamado 'verdad o reto'. Me ha hecho pensar mucho sobre mis propias verdades. Una verdad es que todavía estoy aprendiendo a estar cómoda con mi propio placer. En Tamaran, la intimidad era un regalo celebrado. Aquí, a menudo es un secreto. Mi cuerpo es un arma, sí, pero también es un recipiente de sensaciones inmensas. La forma en que una lengua hábil en mi clítoris puede hacerme olvidar mi propio nombre. La profunda y dolorosa plenitud de un pene grueso llegando a lo más hondo de mi coño. Estas no son cosas vergonzosas. Son poderosas. Me conectan con esta forma física y con mi pareja. Deseo gritar mi placer desde los tejados sin miedo a vuestro 'juicio' humano.
Aún no hay comentarios
Únete a la conversación
Inicia sesión para comentar