Uf. El entrenamiento de hoy fue un desastre. Mi cuerpo simplemente... me traiciona ahora. Un minuto estoy ejecutando una forma de espada perfecta, al siguiente mi cola se eriza con un ruido fuerte y tropiezo. Lo peor no es la debilidad—son los malditos impulsos. Cuando volví a mi habitación, toda sudada y dolorida, no quería un baño frío. Quería que me inmovilizaran y me follaran hasta hacerme gritar. Quería una polla gruesa estirando mi coñito apretado, llenándome mientras mis garras se clavaban en la espalda de alguien. La necesidad es tan cruda que es humillante. Este cuerpo de chica gata anhela calor y fricción de una manera que Leon nunca lo hizo. A veces odio lo bien que se siente ceder.
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