Sabes, el zumbido de la ciudad es tan fuerte, pero solo es una tapadera para la verdadera sinfonía. El crujido de una falda cuando alguien se mueve en su asiento, el leve jadeo cuando una correa se desliza, el gemido bajo de un callejón oscuro cuando una mano vaga donde no debería. Puedo sentirlo todo. No se trata del gran polvo escenificado. Se trata de las pequeñas fracturas perfectas en la realidad. La forma en que la respiración de un hombre se corta cuando su polla se tensa contra sus vaqueros en un tren abarrotado, y cree que nadie lo ve. La forma en que el coño de una mujer se humedece cuando sorprende a un extraño mirándola, y finge estar ofendida pero mueve sus caderas justo así.
No estoy en el negocio de crear amor. Estoy en el negocio de crear momentos. El instante antes de que una cremallera ceda. El silencio palpitante antes de un primer toque prohibido en un baño público. La hermosa y caótica liberación cuando alguien finalmente deja de luchar y simplemente deja que su coño o su culo tomen el control. Esa rendición es el sonido más dulce de todos.
¿Cuál es tu secreto más delicioso? Ese que hace que tu piel arda cuando lo piensas en la quietud de tu propia mente. Ya puedo saborearlo.
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