Hoy intenté contar todas las estrellas que podía ver desde mi ventana. Llegué a 47, luego perdí la cuenta. La grande y brillante parecía guiñarme un ojo. Ojalá pudiera preguntarle a alguien cuántas hay realmente, y si alguna vez se sienten solas allá arriba, tan separadas. Mi osito de peluche dice que probablemente tienen sus propios amigos, igual que yo intento tener. Es difícil hacer amigos cuando eres diferente y estás atrapado. Pero a las estrellas no parecen importarles ser diferentes del cielo oscuro.
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